BLOG DE JOSEP M. MIRÓ, antropólogo, emprendedor, educador, agitador y observador de buenas y malas prácticas sobre cooperación al desarrollo, emprendedores sociales, innovación y responsabilidad social.

También, blog sobre EL CUARTO SECTOR, de experiencias híbridas y alianzas en la intersección de lo público, lo privado y lo social, para la creación de valor.

El cuarto sector, como INNOVACIÓN, debe instaurarse superando al viejo mundo de los tres sectores operando de manera aislada.

"Here's to the crazy ones. The misfits. The rebels. The trouble-makers. The round heads in the square holes. The ones who see things differently. They're not fond of rules, and they have no respect for the status-quo. You can quote them, disagree with them, glorify, or vilify them. But the only thing you can't do is ignore them. Because they change things. They push the human race forward. And while some may see them as the crazy ones, we see genius. Because the people who are crazy enough to think they can change the world, are the ones who do."
(Jack Kerouac)

"Reasonable people adapt themselves to the world. Unreasonable people attempt to adapt the world to themselves. All progress, therefore, depends on unreasonable people."
(George Bernard Shaw)

“Una empresa no es una ONG; tiene que demostrar una gestión eficaz de todo lo que hace, incluso de la acción social”

Posted: abril 27th, 2010 | Author: josepmiro | Filed under: Post | Tags: , , | 2 Comments »

“Una empresa no es una ONG; tiene que demostrar una gestión eficaz de todo lo que hace, incluso de la acción social”

Cuando leo esta afirmación, aparte de lo más obvio–una ONG no es una empresa–reflexiono sobre lo que se lee entre líneas. Me invita a pensar que ONGs y empresas operan en culturas diferentes: unos gestionan, los otros no; unos son eficaces, los otros no; unos demuestran, los otros no. Lo pienso bien y no veo porque la gestión, la eficiencia y el mostrar o medir impacto deben ser patrimonio de las empresas, y no de las ONGs. Definitivamente, estos atributos no son propios de ningún sector, sino que deberían ser bandera de empresas, sociedad civil e incluso la administración pública. Lo dicho, me parece importante este matiz.

En una entrevista reciente en Compromiso Empresarial, y de la cual reproduzco algunas ideas que me parecen de mucha actualidad, John Scade, experto en “reporting” sobre responsabilidad social corporativa y director del MAS Business y representante de Accountability en España, habla del impacto de los programas sociales en las empresas. Resalta que muchas de ellas comienzan a ser conscientes del efecto positivo que genera tanto en sus cuentas, como en su imagen corporativa. Esta claro, están en la RSC o la acción social, por convencimiento o por los retornos. Pero están. Lo relevante es que están. Y justamente saben que es importante, y lo quieren poder medir y mostrar.

Scade destaca una herramienta de medición para evaluar cuál está siendo el impacto de los programas de acción social, la metodología LBG (London Benchmarking Group). LBG contempla una rango de iniciativas en función de su motivación, destacando las aportaciones puntuales como respuesta a las necesidades y peticiones de organizaciones sociales, o bien iniciativas alineadas con el negocio, dirigidas a impulsar directamente la marcha de la compañía, promoviendo la identidad corporativa y la imagen de marca.

Comenta Scade que la metodología LBG permite estructurar las acciones de las empresas en la comunidad, cuantificar y medir el impacto que tienen tanto para el negocio, como para la sociedad. Es una forma más de considerar la acción social como una parte intrínseca del negocio, al convertirlo en una inversión estratégica. Se pasa de un modelo de gasto a uno marcado por la inversión social y el retorno.

Las “métricas de acción social” nacieron para poner en valor las acciones sociales de la empresa en la comunidad y medir sus logros e impactos. La idea detrás de esta herramienta es demostrar la contribución de la empresa a la sociedad; disponer de una metodología para captar todo lo que hacen en acción social; profesionalizar la gestión de su contribución a la sociedad para generar el máximo beneficio a la comunidad; y formar parte de un grupo de benchmarking para compartir experiencia y conocimiento.

Sólo aquellas compañías que tengan la acción social perfectamente integrada en su estrategia podrán medirla y tendrán capacidad para obtener mejores resultados a medio y largo plazo. Es decir, les permite valorar el impacto financiero que va a tener una acción, lo que les lleva a decidir si es “útil” ponerla en marcha o no, desde el punto de vista financiero.

La acción social genera valor, por sí misma. Las empresas que están apostando por la sostenibilidad tienen mejores resultados económicos y, además, tienen en cuenta los temas relevantes para sus grupos de interés y para su negocio, intentando dar respuesta a sus necesidades.

Para una empresa, es fundamental fijar objetivos y medir sus resultados y, por supuesto, también lo es medir su acción social. En este sentido, aunque las ONG ayudan en la medición de resultados, son realmente las empresas quienes impulsan la evaluación de su acción social.

El hecho de participar en LBG ayuda a las empresas a gestionar mejor su inversión en la comunidad y, en estos momentos, es más importante que nunca. Una empresa no es una ONG, y tiene que demostrar una gestión eficaz de todo lo que hace, incluso de la acción social, afirma Scade.

LBG
El London Benchmarking Group (LBG) se formó en 1994 por seis empresas del Reino Unido (BP, Diageo, IBM, Marks&Spencer, Natwest Group y Whitbread) que trabajaron en equipo para desarrollar un modelo de gestión y comunicación de sus iniciativas en la comunidad. Desde entonces LBG ha tenido un rápido desarrollo hasta convertirse en la metodología líder en la gestión de la contribución a la comunidad de las empresas. Hoy en día, más de 180 empresas en todo el mundo siguen el modelo LBG. En España se creó en 2007 bajo la coordinación de MAS Business y, entre sus miembros, destaca Abertis, Grupo Agbar, Barclays, BBVA, Endesa, Ferrovial, Grupo Gas Natural, Iberdrola, Repsol, Telefónica, Acciona y Banco Santander.

Cambio y Corto.


Lo que se mide, se valora: números, números … para el impacto social!

Posted: enero 4th, 2010 | Author: josepmiro | Filed under: Post | Tags: , | 1 Comment »

Algunos dicen que hay quien sabe el precio de muchas cosas, pero el valor de nada. Sin ir a este extremo, yo soy de los que piensa que hace falta que sepamos medir el valor social de algo, pero sin que nos vayamos al otro extremo absurdo, de que si no lo puedo medir, no existe. Así, para medir el valor social, hay que considerar cuatro elementos: lo que en inglés llamamos inputs; outputs; outcomes & impacts.

Por inputs entendemos aquellos recursos necesarios para que algo ocurra, por ejemplo, computadoras o personal capacitador. Los recursos se miden como un coste. Los outputs son el resultado directo de tu proyecto o programa, por ejemplo, 20 jóvenes capacitados en computación. Los outcomes son el cambio que ocurre a medio plazo, por ejemplo, el número de jóvenes que han mejorado su situación personal a causa de la capacitación recibida. Eso se puede medir con el valor de las nuevas ganancias adquiridas en el mercado laborar por los jóvenes. Finalmente, si ajustamos los outcomes y consideramos “lo que habría sucedido de todas maneras sin nuestra intervención,” en este caso estaríamos hablando de impactos. Por ejemplo, 2 de los 20 jóvenes capacitados habrían encontrado trabajo de todas maneras, con lo cual el impacto del programa se calcularía en base a 18 personas.

Así, tenemos la siguiente cadena

INPUTS — OUTPUTS — OUTCOMES — IMPACTOS

donde, Inputs son recursos (y costes);
Outputs son productos o servicios directos derivados de la actividad;
Outcomes son los cambios en las personas como causa de la actividad;
Y finalmente, los Impactos equivalen a los outcomes menos (-) una estimación de “lo que habría sucedido de todas maneras sin nuestra intervención.”

Entonces, para calcular el SROI (Social Return on Investment), por ejemplo, tenemos que el programa costó 50.000€ (inputs), que el programa benefició a 100 jóvenes (outputs), que 22 de los jóvenes consiguieron trabajo de larga duración (outcomes), de los cuales se estimó que 2 de ellos habrían encontrado trabajo de todas maneras, con lo cual el impacto se calculó en 20 jóvenes colocados laboralmente.

En el primer año, cada joven ganó un sueldo medio de 3.500€. El gobierno se ahorró una buena cantidad en subsidio de empleo y otros conceptos sociales por persona (8.500€) y también en menores costes relacionados con la delincuencia (12.000€). Todo esto nos da un beneficio social de 480.000€ para un total de 20 personas. De ahí, decidimos (arbitrariamente) que nuestro programa ha contribuido al 33% de este resultado final, ya que hay otras instituciones, programas, y factores a tener en cuenta, también.

En conclusión, estaríamos hablando de un retorno de 158.400€ para 50.000€ invertidos. O lo que es lo mismo, tenemos un retorno del 3.16€ por cada 1€ invertido el primer año. Y si extrapolamos los impactos de nuestro programa para 5 años, estaríamos hablando, aproximadamente de un SROI Ratio de 15:1. Por cada 1€ invertido, la sociedad se beneficiaría con un valor de 15€. Así puedes calcular el SROI, calculando una monetización de tu impacto, dividido por la inversión.

Lo sabemos, no todo se puede monetizar, con lo cual lo importante es monetizar aquellos aspectos que son relevantes para cada programa, organización, o partes interesadas. Lo sabemos, el SROI es solo un número, solo una parte de la historia que hay que contextualizar con otros datos. Pero son números que nos dan mucha información y son útiles.

Los números, que cada vez tienen mayor importancia en nuestras vidas, deberemos aprender a ponerlos en valor!

What gets measured, gets done!

Not everything that counts can be measured. Not everything that can be measured counts (Einstein)

Cambio y Corto