BLOG DE JOSEP M. MIRÓ, antropólogo, emprendedor, educador, agitador y observador de buenas y malas prácticas sobre cooperación al desarrollo, emprendedores sociales, innovación y responsabilidad social.
También, blog sobre EL CUARTO SECTOR, de experiencias híbridas y alianzas en la intersección de lo público, lo privado y lo social, para la creación de valor.
El cuarto sector, como INNOVACIÓN, debe instaurarse superando al viejo mundo de los tres sectores operando de manera aislada.
"Here's to the crazy ones. The misfits. The rebels. The trouble-makers. The round heads in the square holes. The ones who see things differently. They're not fond of rules, and they have no respect for the status-quo. You can quote them, disagree with them, glorify, or vilify them. But the only thing you can't do is ignore them. Because they change things. They push the human race forward. And while some may see them as the crazy ones, we see genius. Because the people who are crazy enough to think they can change the world, are the ones who do."
(Jack Kerouac)
"Reasonable people adapt themselves to the world. Unreasonable people attempt to adapt the world to themselves. All progress, therefore, depends on unreasonable people."
(George Bernard Shaw)
Victor Viñuales, director de la Fundación Ecología y desarrollo, y Carles Campuzano, diputado de CiU , explican en declaraciones a Diarioresponsable.com los motívos por lo que la Inversión Socialmente Responsable (ISR) ha irrumpido en la agenda de la Responsabilidad social de las Empresas (RSE).
Algunos dicen que hay quien sabe el precio de muchas cosas, pero el valor de nada. Sin ir a este extremo, yo soy de los que piensa que hace falta que sepamos medir el valor social de algo, pero sin que nos vayamos al otro extremo absurdo, de que si no lo puedo medir, no existe. Así, para medir el valor social, hay que considerar cuatro elementos: lo que en inglés llamamos inputs; outputs; outcomes & impacts.
Por inputs entendemos aquellos recursos necesarios para que algo ocurra, por ejemplo, computadoras o personal capacitador. Los recursos se miden como un coste. Los outputs son el resultado directo de tu proyecto o programa, por ejemplo, 20 jóvenes capacitados en computación. Los outcomes son el cambio que ocurre a medio plazo, por ejemplo, el número de jóvenes que han mejorado su situación personal a causa de la capacitación recibida. Eso se puede medir con el valor de las nuevas ganancias adquiridas en el mercado laborar por los jóvenes. Finalmente, si ajustamos los outcomes y consideramos “lo que habría sucedido de todas maneras sin nuestra intervención,” en este caso estaríamos hablando de impactos. Por ejemplo, 2 de los 20 jóvenes capacitados habrían encontrado trabajo de todas maneras, con lo cual el impacto del programa se calcularía en base a 18 personas.
Así, tenemos la siguiente cadena
INPUTS — OUTPUTS — OUTCOMES — IMPACTOS
donde, Inputs son recursos (y costes);
Outputs son productos o servicios directos derivados de la actividad;
Outcomes son los cambios en las personas como causa de la actividad;
Y finalmente, los Impactos equivalen a los outcomes menos (-) una estimación de “lo que habría sucedido de todas maneras sin nuestra intervención.”
Entonces, para calcular el SROI (Social Return on Investment), por ejemplo, tenemos que el programa costó 50.000€ (inputs), que el programa benefició a 100 jóvenes (outputs), que 22 de los jóvenes consiguieron trabajo de larga duración (outcomes), de los cuales se estimó que 2 de ellos habrían encontrado trabajo de todas maneras, con lo cual el impacto se calculó en 20 jóvenes colocados laboralmente.
En el primer año, cada joven ganó un sueldo medio de 3.500€. El gobierno se ahorró una buena cantidad en subsidio de empleo y otros conceptos sociales por persona (8.500€) y también en menores costes relacionados con la delincuencia (12.000€). Todo esto nos da un beneficio social de 480.000€ para un total de 20 personas. De ahí, decidimos (arbitrariamente) que nuestro programa ha contribuido al 33% de este resultado final, ya que hay otras instituciones, programas, y factores a tener en cuenta, también.
En conclusión, estaríamos hablando de un retorno de 158.400€ para 50.000€ invertidos. O lo que es lo mismo, tenemos un retorno del 3.16€ por cada 1€ invertido el primer año. Y si extrapolamos los impactos de nuestro programa para 5 años, estaríamos hablando, aproximadamente de un SROI Ratio de 15:1. Por cada 1€ invertido, la sociedad se beneficiaría con un valor de 15€. Así puedes calcular el SROI, calculando una monetización de tu impacto, dividido por la inversión.
Lo sabemos, no todo se puede monetizar, con lo cual lo importante es monetizar aquellos aspectos que son relevantes para cada programa, organización, o partes interesadas. Lo sabemos, el SROI es solo un número, solo una parte de la historia que hay que contextualizar con otros datos. Pero son números que nos dan mucha información y son útiles.
Los números, que cada vez tienen mayor importancia en nuestras vidas, deberemos aprender a ponerlos en valor!
What gets measured, gets done!
Not everything that counts can be measured. Not everything that can be measured counts (Einstein)
1. No tenemos mucha evidencia de que las organizaciones no lucrativas (ONLs) estén produciendo algún tipo de valor para la sociedad.
2. Las ONLs no van a solucionar este escenario por sí solas, sin ningún tipo de estímulo externo.
3. Las ONLs suelen hacer lo que sus donantes les piden, ya sean públicos o privados.
Y con estas tres premisas in mente, Hunter nos propone que los donantes (gobiernos, fundaciones, privados, etc.) asuman mayor liderazgo en la construcción de ONLs más fuertes, efectivas y eficientes. Es decir, pasamos de la no-intervención como un valor en el sector, a una mayor intervención directa, ya que las ONLs por sí solas no consiguen generar todo el impacto que sería deseable.
Hunter nos propone el tránsito de una cultura caritativa hacia lo que él llama la inversión social. Toda inversión, social o no, siempre implica un retorno. Y en el sector social, el retorno se materializa en la creación de valor para las poblaciones afectadas. Y, ¿en qué organizaciones sociales hay que invertir?
Aquí nos brinda varios aspectos que te hacen pensar:
a) usar criterios de selección rigurosos para decidir qué instituciones apoyar
b) invertir en aspectos internos de la organización para fortalecerla
c) dar seguimiento exhaustivo a los indicadores de impacto
d) enfocar en aquellos aspectos que inciden directamente en la misión
e) ayudar a las organizaciones a generar fuentes de ingresos sostenibles
Lo cierto es que la mayoría de instituciones “tenemos” por hábito informar de todas esas actividades que hacemos y los recursos usados, pero pocos de nosotros “tenemos” la capacidad de mostrar el impacto real de nuestras intervenciones. Por ejemplo, sabemos cuantos jóvenes asistieron a nuestros talleres de formación para el empleo, pero no podemos mostrar cuantos de ellos encontraron trabajo, lo mantuvieron en el tiempo, o cuantos sacaron a sus familias de la pobreza, por decir alguna cosa.
En esta nueva era en la que estamos inmersos, donde la escasez de recursos es un denominador común, es verdad que la rendición de cuentas exhaustiva pasará a ser un elemento determinante. Además, Hunter augura que los inversores sociales van a representar las mayores fuentes de recursos para el sector no lucrativo, cada vez más. Y en este escenario que se dibuja, de lo caritativo a la inversión social con retorno, aquellas organizaciones que sean capaces de mostrar evidencia real de impacto tienen más posibilidades de sobrevivir el proceso natural de selección que se dará.
¿Y tu, que piensas? ¿Estamos hablando del fin del ciclo caritativo?