Biblioburro, con Alfa y Beto
Posted: julio 16th, 2010 | Author: josepmiro | Filed under: Vídeo | Tags: Colombia, educación | No Comments »Cambio y Corto.
Cambio y Corto.
“Esta experiencia de Colcerámica y la emprendedora social de Ashoka, Haydi Duque, que venimos acompañando desde hace años, es lo que nosotros llamamos ‘cadena híbrida de valor’, un modelo innovador, en el que las comunidades de bajos ingresos son consideradas mucho más allá que como clientes, se propician condiciones para que mejoren sus niveles de vida y para que se inserten en la productividad económica” (María Lucía Roa, Representante de Ashoka en Colombia).
Cambio y Corto.
Javier González dice que es un educador millonario porque ha generado el valor de más de un millón de personas que han aprendido a leer con su método de alfabetización basado en el dominó, vamos, en aprender jugando o jugar aprendiendo (www.abcdespanol.com). Y este activo de más de un millón gana valor todos los días!, nos comenta orgulloso. Cuando hablas con este emprendedor social colombiano, reconocido por Ashoka y también por la Schwab Foundation, ves que cree en la proposición que nos plantea, en su dominó alfabetizador. Transmite entusiasmo a raudales, y está clarísimo que es un educador en piel de emprendedor. Ha dedicado buena parte de su vida a esta labor, y por lo que comentan sus socios en este emprendimiento, esposa e hijo, no tiene intención de detenerse aquí.
Ya hace algún tiempo, en su natal Colombia, Javier dio con esta idea cuando en partidas de dominó interminables, de esas que transcurren a fuego lento, en zonas rurales donde él desarrollaba su trabajo de campo, Javier solía perder una y otra vez en las partidas de dominó con personas analfabetas, que no sabían ni leer ni escribir, pero que sabían de estrategia y de dibujos numéricos. Y ahí, empieza a querer entender que tipo de conocimiento y maneras de aprender tenían estas personas analfabetas. Nos cita a Churchill con una frase lapidaria “me molesta que me enseñen, pero me gusta aprender” y a otros pedagogos sui generis como John Lennon, según su manera de ver las cosas. Es muy posible que las claves de la innovación educativa no se hallen dentro de las cuatro paredes de la escuela. En eso coincidimos.
A mi, lo que me llama más la atención de esta propuesta es que el conocimiento para encontrar la solución a los problemas que enfrentaban las comunidades más desfavorecidas ya se encontraba en ellas mismas. Este método de alfabetización ha tenido mucho éxito, sobre todo en América Central, desde Panamá hasta Guatemala, y ahora también con inmigrantes en Estados Unidos y aquí en España. Lo único que hizo, el educador Javier, y eso tiene un gran mérito, fue sistematizar, ordenar, priorizar, poner en blanco y negro un tipo de conocimiento que ya estaba en las mentes de esas personas analfabetas que le ganaban al domino. Muchas veces nos gastamos infinidad de recursos en traer propuestas externas, consultores externos, y todo tipo de inputs externos que vienen ya con la solución. Quizás lo más valioso en estos casos es la construcción conjunta de conocimiento, entre lo externo y lo interno, para producir una solución mucho más eficiente, eficaz, rentable, justa, o en definitiva, superior. Ahí precisamente está el gran hallazgo!
Esta conclusión me ha hecho recordar el caso de los profesores Jerry y Monique Sternin, de Tufts University, y el trabajo que realizan con su Positive Deviance Initiative (la desviación positiva). Su enfoque para la innovación social es un ejemplo claro de los cambios sociales que se pueden conseguir basados en el enfoque del diseño (“design thinking” en inglés). Los Sternins identifican “las desviaciones positivas” que se encuentran en aquellos grupitos de la comunidad que se comportan de maneras diferentes y con las cuales obtienen algún resultado deseable.
En 1990, los Sternins se encontraban en Vietnam trabajando para disminuir la desnutrición infantil en un área de unas 10.000 aldeas. En aquel momento, el 65% de los niños menores de 5 años padecían desnutrición, y la mayoría de los intentos que se llevaron a cabo incluían la donación de suplementos nutricionales por parte del gobierno. Pero, estos suplementos nutricionales nunca llegaban a tener un impacto real para la reducción de la tasa de desnutridos. A los Sternins, con la ayuda de Save the Children, se les ocurrió la iniciativa de monitorear a familias muy, muy pobres pero cuyos niños no estaban desnutridos. Los siguieron durante un tiempo, en sus casas, en las horas de comida, en sus hábitos cotidianos, y por sorpresa, hallaron que estas familias recogían unos caracoles en los campos de arroz que luego ponían a la comida de los pequeños. Para el resto de la comunidad, estos caracoles no eran comestibles ni tenían valor alguno. Había también otros hábitos alimenticios que también impactaban positivamente en la nutrición de los menores, como por ejemplo el dar de comer menos pero más a menudo a las niños. Con esta información, los Sternins prepararon toda una propuesta de formación sistematizada, incluyendo clases de nutrición y cocina, para la comunidad y con la ayuda de las familias “que desviaban positivamente.” El resto ya es historia. Los índices de desnutrición bajaron significativamente, sin más ayuda que el poner en orden un conocimiento que ya se hallaba localmente pero que debía ser asumido. Al final del primer año, el 80% de los 1.000 niños desnutridos que controlaban habían superado sus problemas de desnutrición, y este esfuerzo se había replicado en otras 14 zonas de Vietnam.
Moraleja: quizás nosotros no sabemos tanto, ni ellos tan poco. El ejemplo de los Sternins y del profesor González son dos ejemplos de cómo la desviación positiva y el “design thinking” hacen buen uso de la experiencia y el conocimiento de la gente para encontrar soluciones locales. Las soluciones están pero hay que ponerlas en valor, sistematizarlas, y devolverlas a la comunidad. Quizás como dice el pensador Hiroshi Tasaka “el futuro está en el pasado pero revivido con un nuevo valor.” Ahi está el millón!
Cambio y Corto.